Día diecisiete — Mañana
El día diecisiete no comenzó con la sensación de continuidad.
Comenzó con una pausa.
Una de esas pausas densas que no anuncian descanso, sino cambio.
Erika abrió los ojos antes de que la luz aumentara.
No se incorporó de inmediato.
Se quedó recostada, mirando el techo, con la respiración tranquila pero consciente, como si cada inhalación tuviera un peso distinto al de los días anteriores.
No había sobresalto.
No había urgencia.
Pero tampoco había neutralidad.
La noche ha