La tarde del día doce no llegó de forma tranquila.
Llegó cargada.
Densa.
Llena de una tensión que no se parecía a nada que Erika hubiera sentido en los días anteriores.
Porque esta vez no se trataba de resistir.
Ni de analizar.
Ni siquiera de jugar con palabras.
Se trataba de elegir.
Y esa era, quizá, la prueba más difícil de todas.
Durante la hora previa, Erika no hizo mucho en apariencia.
Caminó por la habitación.
Se sentó.
Se levantó.
Observó la puerta más veces de las que le hubiera gustado