El día siete comenzó antes de que Erika estuviera realmente lista para él.
No porque algo hubiese cambiado en el edificio.
La iluminación volvió a subir gradualmente como cada mañana artificial, pasando de la penumbra nocturna a esa claridad blanca y fría que llenaba la habitación sin tener una fuente visible.
Pero su mente ya estaba despierta.
Había dormido poco.
No fue un sueño profundo, sino una sucesión de momentos de descanso interrumpidos por pensamientos que regresaban una y otra vez a l