Damián reacciona ante la pregunta, sus ojos se abren con sorpresa, como si la pregunta fuera un golpe directo que lo desarmara. Sus labios se abren, pero no sabe cómo responder, no sabe que mentira planificar o que excusa sacar. Hay algo en la forma en que ella lo mira, la calma con la que plantea sus dudas, que lo descoloca, lo hace sentir acorralado y odiaba sentirse de esa manera.
Erika, por su parte, no espera una respuesta inmediata. Ya tiene en mente las piezas del rompecabezas que él le