La cabaña volvió a sumirse en una quietud engañosa una vez que la comunicación se cortó. El teléfono de Lucca quedó inmóvil sobre la mesa, como si nunca hubiera vibrado, como si aquella voz —firme, precisa, peligrosa— no hubiese atravesado la noche para alterar el curso de los acontecimientos. Pero nada era igual. Nada volvería a serlo.
Lucca no dijo una sola palabra durante varios segundos. Se limitó a guardar el teléfono en el bolsillo interno de su chaqueta y volvió la mirada hacia Alessandr