La mañana siguiente la oficina parecía más fría que de costumbre, tal vez era por la lluvia golpeando los ventanales, o tal vez porque Erika había dejado de mirarlo a los ojos.
Apenas habían pasado veinticuatro horas desde la noticia de la muerte del reportero, pero para ella parecía una eternidad. Caminaba por los pasillos como una sombra: silenciosa, correcta, casi transparente en un vago intento de permanecer lo más invisible que pudiera, Alessandro la observaba desde su oficina con una mezc