**ÚRSULA**
No sabía cuántas horas llevaba allí sentada. La espalda me dolía, los párpados me pesaban y la piel me ardía del cansancio acumulado. Aferraba la mano de papá como si al soltarla fuera a hundirme con él en ese pozo silencioso del que no despertaba. Afuera el día ya había muerto, lo sabía por el cambio de luz filtrándose por la ventana y por la forma en que la tristeza se volvía más espesa al caer la noche.
Cerré los ojos solo un segundo, y entonces lo sentí: una presencia familiar, c