**ÚRSULA**
Estaba en el hospital, como cada día, desde que papá cayó en ese silencio tan profundo que ni las máquinas lograban romper. La habitación olía a desinfectante y a tristeza vieja. Me senté junto a su cama, como siempre, tomándole la mano. Estaba tan delgado, tan frágil, tan lejos del hombre fuerte que había dirigido un imperio con solo una mirada. Pero ahí estaba yo, firme, cuidándolo, hablándole, aunque no respondiera, como si mis palabras pudieran alcanzarlo allá donde estuviera esc