**KLAUS**
Pero la realidad era simple y brutalmente clara: ese dinero nunca había sido suyo. No era una herencia, ni una inversión legítima, ni mucho menos una recompensa merecida. Era un préstamo. Un favor. Una concesión estratégica que dependía, única y exclusivamente, de la voluntad de un hombre que ahora estaba ausente. Y su ausencia lo cambiaba todo.
—No hay dinero que te pertenezca —dije, con voz firme, pero serena, mientras acomodaba los papeles sobre la mesa con una calma casi quirúrgic