**KLAUS**
Diego. Podía imaginarlo, sentado en su trono de poder, creyéndose dueño de todo, incluso del destino de su hija. Y si tenía razón —si estaba detrás de esto—, entonces el juego había cambiado.
—¿Tanto te asusta verme al lado de tu hija, viejo bastardo? —murmuré con veneno.
Mi teléfono vibró. Mensaje de mi asistente.
—La matrícula parcial corresponde a una flota de vehículos alquilados por una empresa de seguridad privada… Meyer los usó hace dos semanas. Mismo proveedor. —la sangre se m