**KLAUS**
Llevaba una semana sin saber nada de Úrsula. Siete malditos días y noches con su silencio, invadiendo cada rincón de mi casa, con su ausencia pesando sobre mi espalda como una maldita losa que no podía sacudir. Cada vez que abría la puerta, mi mente me engañaba por un segundo, esperando encontrarla ahí, sentada en el sofá con un libro entre las manos, mirándome con esa sonrisa suya que siempre parecía decir “Bienvenido a casa”.
Pero no. Solo había eco. Solamente había frío. Solo había