Accidente II

Miró su reloj. Las doce y media. Pensar que hacía ya un mes que había muerto Miguel, en cinco días más se haría pública la lectura del testamento, aunque él sabía, exactamente en qué consistía, siendo él, su ministro de fe.

—Familiares de Sebastián Vicuña —una enfermera llamaba por altavoz. David aún no llegaba y él no era familiar.

—Yo estoy con &eac

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