Cloe supo que algo malo estaba pasando en cuanto vio a Piero esperándola a la salida de la universidad. No solo porque era extraño verlo allí, sino también porque aún en la distancia podía ver la tensión en su cuerpo.
—¿Todo bien? —preguntó Emmanuel recordándole que no estaba sola.
Los dos estaban tratando de reconstruir su amistad y era la primera vez en un tiempo que parecía que estaban en buen camino.
—Lo siento, tengo que irme —dijo acelerando los pasos hasta llegar a Piero.
—Cloe —saludó