Escuchó un suave golpe en la puerta principal. Con cuidado de no despertar a Laila, se levantó y fue a abrir. Isabella estaba del otro lado con una bandeja en mano.
—Isabella —saludó—. ¿Cuándo llegaste?
Se hizo a un lado para dejarla pasar.
—Hace unos minutos. Vine tan pronto me enteré. —Ella dejó la bandeja en la pequeña mesa de la sala y se acercó a abrazarla—. Tu mamá me mandó tu almuerzo, dijo que no comiste nada aún —continuó dando un paso atrás.
Su amiga fue hasta uno de los asientos. Se