Cloe no sabía si temer por la vida de Fabrizio. La primera vez que había traído un novio a casa, el pobre había terminado desapareciendo de su vida poco tiempo después. En lugar de tomárselo a mal, había decidido que esa era una buena manera de deshacerse de algún pretendiente demasiado insistente.
Por las historias que su padre y su tío Valentino contaban durante las reuniones familiares, se hacía una idea de las cosas tenebrosas que ambos eran capaces de decir y hacer. Difícil de creer de dos