Capítulo 12

A Fabrizio no le agradó ni un poco Emanuele. Podría ser solo un amigo para Cloe, pero fue tan fácil darse cuenta de que estaba enamorado de ella. Lo había visto en sus ojos —como se iluminaban mientras la miraba— y en cada uno de sus movimientos. Era demasiado obvio, aunque por alguna razón Cloe no parecía darse cuenta.

La sola idea de pensar que ella lo vería al día siguiente, no le hacía ninguna gracia. Lo único que lo tranquilizaba un poco era que Emanuele jamás iba a tener una oportunidad, Fabrizio se iba a asegurar de ello.

—¿Al menos me permitirás decírselo a mis padres? —preguntó Cloe con ironía sacándolo de sus cavilaciones.

—Si es eso lo que quieres.

—Por supuesto que sí.

—Está bien por mí.

—No te estaba pidiendo permiso.

—Me di cuenta.

Al parecer la tregua se había acabado. Solo esperaba que cuando se reunieran con los padres de Cloe, ella no luciera como si quisiera matarlo.

Durante el resto del viaje ninguno de los dos volvió a decir nada más. Cloe se acomodó con la cabeza
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