A Fabrizio no le agradó ni un poco Emanuele. Podría ser solo un amigo para Cloe, pero fue tan fácil darse cuenta de que estaba enamorado de ella. Lo había visto en sus ojos —como se iluminaban mientras la miraba— y en cada uno de sus movimientos. Era demasiado obvio, aunque por alguna razón Cloe no parecía darse cuenta.
La sola idea de pensar que ella lo vería al día siguiente, no le hacía ninguna gracia. Lo único que lo tranquilizaba un poco era que Emanuele jamás iba a tener una oportunidad,