Miranda, antes de colocar sus credenciales dentro de la cartera, miró su nombre ampliado: Miranda de de las Casas. Pasó sus dedos sobre la línea en un inútil intento por borrar todo. Hizo un repaso por el dolor de la traición de Frederic y se llamó cobarde e idiota por sentir que el peso de cinco años de relación lanzada al vacío no era nada comparado con el dolor que le causaron las palabras de David.
El piloto saludó a todos y explicó las reglas básicas del vuelo. Miranda, que hacía su prim