Amy se levantó de su silla sin poder controlar las lágrimas y con el sobre de las fotografías en sus manos se acercó a Keith.
—Por favor discúlpame por la forma en la que te hablé es que de verdad no imaginé que verlo así me dolería tanto.
Keith debía reconocer que no le gustó escuchar esa confesión —Linda no tienes porque discúlpate sabes que estoy aquí —dijo abrazándola y acercándose peligrosamente a sus labios.
—No por favor… no podría usarte para olvidarlo —dijo ella tratando de alejarse.