CAPÍTULO 104
IGNACIO
Ya lo sabía. En el fondo de mi corazón, desde hacía meses, lo sabía.
Los médicos podían disimular con palabras cuidadosas, Monserrat podía llenarse de esperanzas cada vez que un valor salía un poco mejor, pero yo conocía mi cuerpo, lo sentía apagarse poco a poco. No lo decía en voz alta porque no quería ser cruel, pero sabía que el final estaba cerca.
Me propuse una sola cosa: dar mi mejor cara. No iba a permitir que mis últimos recuerdos fueran de tristeza o de miedo. Que