Antes de entrar a consulta con el psicólogo, Naia estaba un poco asustada, sabía que él removía todo aquello que ella deseaba enterrar bajo diez metros de tierra y que esto le recordaba el dolor y el llanto como una consecuencia inevitable.
No obstante suspiró profundo llenándose de valor antes de dar el primer paso dentro del consultorio. Dentro de éste la esperaba un hombre de aproximadamente cuarenta años, aún se mostraba joven, era alto y atractivo, incluso aunque intentara distraer la aten