Una semana más había transcurrido desde que Naia y Matthew habían empezado a ser más cercanos. Ella estaba por las nubes, dejaba que las mariposas revolotearan libres dentro de su estómago y en su mente las pintaba de color amarillo porque eran el reflejo de la felicidad de la cual estaba disfrutando.
Leo cada día estaba más hermoso, sus mejillas regordetas eran tan apetitosas que a ella le daban ganas de morderlas o por lo menos eso era lo que le decía a su hijo en su idioma nativo.
Por su par