— ¡Todo limpio! —exclamó Naia al ver cómo relucía la superficie de la cocina.
Pero no sólo se trataba de eso, también los pisos, las paredes, los muebles, cualquier rincón del apartamento parecía brillar de lo limpio que estaba. El aroma a canela con manzana inundaba las fosas nasales y la calefacción daba un toque cálido a aquel lugar.
—Ughhh...
Los balbuceos incoherentes de Leo llamaron su atención, indicándole que había vuelto a despertar luego de su siesta.
— ¡Ahí está mi príncipe que está