—Gertrude, explica lo que está sucediendo.
—No te entrometas Fred, intento limpiar lo que ha hecho esta mujer.
Los ojos de Naia se inundaron de lágrimas, aceptaba que no le agradara, pero ¿cómo podía desquitarse con la comida? Tomó el cuarto plato con la mano que tenía libre, intentaba protegerlo de ser arruinado.
— ¿Cómo pudo?...
Fue lo único que le expresó a la mujer mayor, quien se agachó para recoger los pedazos quebrados. Por más que había intentado no llorar un par de lágrimas se deslizar