Naia intentó observar su propia apariencia, se trataba de un vestido negro, algo holgado y cómodo al cual se le añadía un delantal blanco. Los había visto en televisión y eran los que utilizaban las empleadas domésticas, así que no entendía por qué él lo rechazaba, además, no tenía nada más que vestir, sólo poseía la ropa con la que había llegado a Pittsburgh y no había tenido tiempo de lavarla.
—Qué haces, ve a cambiarte, viste ropa normal.
— ¡¿Qué?!... pero, es que...
— ¿Qué sucede?
—Es ropa