*—Engel:
Hoy era un buen día.
Engel se había despertado con energía, sin dolores, sin pesadillas y con la sensación de que podía enfrentarse al mundo entero.
Era viernes, por lo que tenía que pasar por la fundación, aunque solo fuera durante unas horas. De todos modos, la realidad era que quien mantenía todo funcionando era Erik Miller. Su asistente, su mano derecha y, probablemente, una de las personas más importantes de su vida.
Desde que Erik había llegado años atrás, cuando la fundación