*—Engel:Se sentía como en el cielo, acostado entre nubes cálidas que exhalaban un aroma envolvente, masculino y salvaje, con notas de bosque y lluvia, algo silvestre. Era un olor familiar, de esos que se quedan grabados en la piel y en los huesos, imposible de confundir, imposible de olvidar.Una risita salió de él al notar dónde estaba.Esa calidez y ese olor eran únicos, pertenecían a su gran amor, al hombre que amaba, a su compañero destinado. Su cuerpo lo reconocía antes que su mente, y cada fibra de su ser se rendía a esa sensación de hogar.Alzó la vista para ver el cincelado rostro de su amado y se deleitó con su fuerte mandíbula, subiendo a sus labios hinchados por los besos recientes, siguiendo la línea de su nariz perfilada hasta llegar a esos ojos de color miel intensa que lo miraban con ternura infinita. En esos ojos cabía el mundo entero, y en ese momento, el mundo era perfecto.Deseoso de su hombre, se movió hacia arriba, acercándose, y bajó la cabeza para unir sus labi
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