La tarde caía con una suavidad que parecía acariciar cada rincón de la casa, trayendo consigo esa brisa fresca que baja desde las colinas verdes y recorre los campos de caña cercanos, agitando apenas las copas de los árboles frutales y haciendo bailar suavemente los pétalos de las rosas, jazmines y buganvillas que llenan el jardín de matices rojos, blancos y violetas. El sol ya no quemaba con fuerza, sino que bañaba todo con esa luz ámbar cálida que parece detener el tiempo, como si el mismo dí