El alba se derramó despacio sobre el horizonte del Caribe, tiñendo las nubes de tonos melocotón y ámbar, mientras el mar parecía contener el aliento, como si también quisiera escuchar cada palabra que nacía en ese círculo de corazones unidos. La brisa, cargada del aroma a sal y a flores de hibisco que crecían en los bordes de la orilla, acariciaba los rostros de todos los presentes: jóvenes que habían conocido la esperanza gracias a esa familia, ancianos que recordaban los días oscuros con grat