La noche cayó suave sobre la orilla, envolviéndolos en el mismo silencio que tantas veces los había acompañado. El viento ya no traía el frío de la desolación, sino la calma de quien ha recorrido todo el camino y ha llegado al lugar donde siempre debió estar. Sebastián pasó su brazo sobre los hombros de Valeria; ella apoyó la cabeza en su hombro, y Matías se sentó a su lado, abrazando a ambos, sintiendo en su pecho el latido unido de tres corazones que habían superado todo lo que parecía imposi