El sol de la tarde caía sobre el jardín trasero de la casa, bañando todo con ese tono dorado suave que solo aparece cuando el día empieza a despedirse, dorando las hojas de los árboles que Valeria había plantado apenas unos meses después de aquel día que pensó que sería el final de su vida. Había elegido cada especie con un propósito: almendros que resisten cualquier tormenta, jazmines que perfuman el aire incluso en los momentos más duros, y rosas rojas —las mismas flores que ella había escogi