Tres días después de la boda, Lucía recibió un correo que consiguió mejorarle una mañana que hasta ese momento había sido bastante desagradable. El curso de fotografía organizaría una salida de fin de semana a Samaná para trabajar paisajes, fotografía nocturna y amaneceres. Había cupos limitados y su profesor la había incluido entre los alumnos seleccionados.
Lucía leyó el mensaje dos veces.
Quería ir.
La respuesta apareció inmediatamente, antes incluso de pensar en Gabriel, en el trabajo o en