Han pasado ya treinta y dos años completos desde aquella noche interminable, bajo una lluvia torrencial que parecía querer apagar hasta la última luz de sus vidas, cuando la traición les arrebató todo lo que tenían, todo lo que creían y todo lo que daban por seguro; cuando el mundo entero les dio la espalda, cuando la injusticia pareció imponerse para siempre y no quedó nada más que el frío, la oscuridad y el dolor que sentían en el alma. Treinta y dos años: más de once mil días y noches entera