Pasaron casi tres semanas antes de que Lucía volviera a ver a Gabriel. No porque estuviera imponiendo una regla ni contando los días para demostrar que podía mantenerse lejos de él, simplemente la vida se metió en medio. El trabajo se volvió un caos después de que uno de los supervisores renunciara sin demasiado aviso, Camila organizó un cumpleaños familiar al que terminaron asistiendo más personas de las invitadas y Lucía pasó dos sábados seguidos convencida de que ordenaría su apartamento par