Y cuando llegó, gritó su nombre como siempre. Se dejó caer sobre su espalda, completamente vestido salvo por su pene. Y como ella no podía verlo, ni lo que pudiera reflejar su rostro, hundió la cabeza en su cuello.
Tyler intentó respirar. Había pasado todos esos años acostándose con otras mujeres y fingiendo que eran ella. Lo había convertido en un pasatiempo. Pero ahora lo sabía.
Ahora lo sabía.
Y no veía cómo iba a engañar a su pene haciéndole creer que otra era ella. Que cualquier otra cosa