CAPÍTULO 60. ¿A qué viniste?
Victoria jamás había estado en Roma, y no dudaba que fuera una ciudad espectacular, pero conocerla en aquellas circunstancias era sencillamente horrible. Habían pasado dos días desde que habían recibido aquel mensaje, dos días en que habían trabajado como si el mundo dependiera de eso y en cierta forma así era.
Mateo había hecho su parte y Franco la suya, porque nadie había logrado que ese español se marchara de allí sin ayudar. Archer había llegado y los Silenciosos habían hecho un viaje perfe