CAPÍTULO 61. Un espía
Los ojos de Franco Garibaldi echaban chispas, especialmente porque después de la sorpresa inicial, la expresión de Salvador Rossi se había tornado fría y socarrona, como si supera que exactamente eso iba a pasar.
—Esa es una linda amenaza de tu parte… —replicó Salvador—. Y te la creo, pero no soy tan fácil de encontrar ni de matar.
—Sí, bueno… apuesto a que tu hermano Emilio creía lo mismo —contraatacó Franco y vio al hombre frente a él ponerse lívido primero y rojo de la ira después.
—¡Emilio