CAPÍTULO 40. Protocolo de extracción
Veinticuatro horas. Poco más de veinticuatro horas era todo lo que había pasado desde que se había celebrado el bautizo de Massimo hasta que el celular de Franco había comenzado a vibrar con aquel mensaje. Victoria lo vio arrugar el ceño, entre aliviado y preocupado, y acarició la cabeza de Massimo, que ya dormía tranquilamente en su camita.
Tomó el teléfono que Franco le extendía, pero solo aparecía una serie de números raros que la muchacha no entendía para nada.
—¿Qué es esto? —preguntó.
—Es