CAPÍTULO 38. ¡...o te va a ir peor!
—¡Dios, esta es la gloria! —suspiró Franco cerrando los ojos y Victoria sonrió con malicia.
—¿Qué cosa? ¿Las ostras o yo? ¡Porque te advierto que si solo son las ostras, eres un hombre muy fácil de complacer! —murmuró mientras le daba otra y el italiano hacía un puchero.
—Yo no soy fácil de complacer, ¡pero es que tú eres perfecta, condenada! Y que conste que las ostras tienen lo suyo solo porque tú estás aquí —replicó acariciando sus muslos por debajo del vestido. Estaba sentada a horcajadas s