CAPÍTULO 37. Vas a tener que esforzarte
Victoria pasó saliva, asustada, y sacó ese miedo de la única forma en que Amira la había enseñado a hacerlo: enojándose.
—¡Maldición! ¡Para un día que queremos salir tranquilos! —gruñó mientras Franco la mantenía a su espalda.
El italiano seguía apuntando a la puerta y por el manos libres escuchó la voz de Archer dando órdenes.
Alguien había estado siguiéndolos pero por lo visto no tenía intención de meterse tras ellos a la tienda.
Franco se quedó pensativo por un segundo. Durante todo el traye