CAPÍTULO 33. Mírame...
La luz tenue y amarilla de la lamparita del cuarto de servicio se encendió sobre ellos, y se quedó parpadeando.
—¿Estás loco? ¿Qué haces aquí? —preguntó Victoria viendo el espacio reducido en que se habían metido.
—No sé… estamos muy serios, creo que eso me preocupó —murmuró Franco pegándose a su cuerpo mientras sentía la respiración de la muchacha acelerarse.
—Se supone que tenemos que estar serios, estamos haciendo una cena para La Santa —replicó ella cerrando los ojos y levantando los labios