CAPÍTULO 25. No te atrevas a dejarme sola.
Victoria parecía una estatua en aquella habitación, mientras seguía atentamente con Amira la transmisión del rastreador que ella misma le había puesto a Emilio. Mateo se había apostado en un edificio de departamentos cerca del restaurante para poder programar mejor el aparato, y allí habían llegado ella, su Ejecutora y el resto de los De Navia.
Por suerte a Mateo no se le había ocurrido decirle es tenía un auricular en el oído por el que estaba escuchando todo el asalto, porque sabía que eso so