CAPÍTULO 24. Una versión pequeñita
—¡¿Te volviste loco, Garibaldi?! —rugió Emilio Rossi, dándose cuenta de que habían puesto su muerte como la más codiciada de todos los tiempos.
—No, solo te doy una pequeña muestra de cómo se juega con la ´Ndrangheta, de cómo se juega conmigo —siseó Franco—. Tienes una hora antes de que todos los asesinos del mundo comiencen a rastrearte.
—¿Y crees que no tengo doscientos millones para librarme de un asesino? —escupió Rossi.
—Claro, la pregunta es si tienes para pagarles a todos, porque te gara