CAPÍTULO 19. El hombre que tiene a tu hijo
Salir de aquella iglesia acompañada por Franco hizo que Victoria volviera a respirar. Pero a pesar de lo conmocionada que estaba, se aseguró de que su rostro no mostrara ni un solo cambio cuando tuvo que pasar por el salón donde estaban reunidos los invitados.
Forzó una sonrisa bastante convincente mientras se encogía de hombros.
—Con su permiso, iré a cambiarme por algo más apropiado. No quiero asustar a los niños.
Todos rieron y la saludaron levantando sus copas, y lo tomaron como una broma,