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Había logrado calmarme. Aún me dolían las piernas y el trasero como el infierno, pero al menos había dejado de llorar. Los ojos los tenía pesados e hinchados, se cerraban solos, además un cansancio tanto mental como físico se cernía sobre mi. Escuché la puerta abriéndose y unos pasos que se congelaron a medio caminar.
_¡Dios mio!
_S-señorita Mikaela.
Emilia y Edith entraron casi corriendo una vez que vieron mi estado.
_ay, Dios. Dígame qué al menos sigue viva- Emilia parecía ge