Liz fue corriendo en dirección a la oficina de Harold, lo único en lo que podía pensar era en que quería hacer pagar a Emilia, su mente volaba y la imaginación de varios escenarios donde Emilia era castigada mientras ella observaba le hacían sonreír haciendo que su mejilla palpitara de dolor, aún así no le importaba. Llegó frente a la puerta del señor Harold pero se detuvo un momento. No podía entrar con la expresión que tenía, sabía que si quería conseguir más empatía y mejores resultados, ten