_Que ahora será incluso más difícil de que me deje libre.
Dejé de acariciar su rostro y con toda la rabia que había hervido cada vez que pensaba en lo que ella me había hecho y lo que causó con ello, impulsé mi mano cerrando el puño. Le acesté un puñetazo que la desequilibró dejándola en el suelo.
Yo misma me sorprendí, pues mi intención era darle una cachetada.
Ni Viane ni Emilia se movieron para ayudarla.
_Maldita sea Liz, ¡hiciste que me violara día y noche!, ¿de verdad pensaste que