Me encuentro sentada en una silla, en un rincón de la inmensa cocina, justo al lado de la ventana que da a un jardín interior, donde la luz de la tarde cae sobre un seto de rosas. El contraste entre la paz visual del jardín y el caos emocional que me devoraba es casi insoportable
La comida estaba deliciosa —claro que tenía que estarlo, porque todo en este maldito lugar es perfecto mientras no seas tú la que sufre. Tenían huevos revueltos con finas hierbas, pan tostado con mantequilla que sabía