El castigo es silencioso y metódico. Luego de haber ido a la cocina, había regresado con lo necesario para limpiar mi desastre. Ahora me encuentro de rodillas en el suelo, con la falda manchada por la humedad de la alfombra, tallando la gloriosa mancha de jugo de naranja que yo misma he provocado. Elmira me había proporcionado un pequeño balde con una fibra abrasiva y un líquido limpiador potente, de un azul transparente y un olor a químicos y cítricos artificiales que me perforan las fosas nas