El rugido del motor de la Land Rover es el único sonido que llena el lugar mientras salimos del estacionamiento subterráneo del edificio de Lucien. El blindaje del vehículo me hace sentir en una burbuja de acero, aislada del mundo que afuera empieza a despertar bajo el sol cegador de Nevada. Detrás de nosotros, una camioneta negra con cuatro escoltas más nos sigue como una sombra fiel, una declaración de guerra silenciosa en cada semáforo.
Lucien va en silencio, con la mandíbula apretada y la m