Los dedos de Evelyn tantearon los botones de la camisa de Roman, traicionándola con nervios sin importar cuánto intentara calmarlos.
Roman la observaba en silencio, con la mirada pesada e inquebrantable.
—Siempre tan nerviosa —murmuró, con una sonrisa torcida en los labios mientras atrapaba su muñeca a mitad de camino.
Evelyn frunció ligeramente el ceño.
—¿Quién está nerviosa? —murmuró, intentando —y fallando— retirar la mano.
—Lo hago todas las mañanas —añadió rápidamente—. Tú solo… no me mir